|
Pastor
que con tus silbos amorosos
me
despertaste del profundo sueño;
tú,
que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos
poderosos
vuelve los ojos a mi fe piadosos
pues te confieso por mi amor y
dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies
hermosos.
Oye, pastor, pues por amores
mueres
no te espante el rigor de mis
pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis
cuidados....
Pero ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies
clavados?
Rimas Sacras (1614, #XIV
|